martes, 17 de junio de 2014

Els botiflers

El término “botifler” apareció en Cataluña durante la Guerra de Sucesión para definir a aquellos catalanes que se mantuvieron fieles a Felipe de Borbón durante el conflicto.
            Existen  varias versiones sobre el origen del vocablo. A mi entender, la más creíble es la etimológica según la cual, “botifler” es una deformación del galicismo “beauté fleur”, flor bella en castellano,  en referencia a la flor de lis del blasón de los Borbones. Puede venir también de su versión en inglés “beauty flower”. Otros autores creen que proviene del nombre del mariscal de Francia François de Boufflers, o del término “botiró”, usado por los payeses catalanes para refererirse a los soldados reales durante la revuelta de los” barretines” de 1687 a 1689. Como decíamos y sea cual sea el origen de la palabra, un “botifler” era aquel catalán partidario de Felipe de Borbón, mientras que un “aguilot” lo era de Carlos de Austria, el otro aspirante al trono español.


            Durante el levantamiento militar austracista del verano de 1705 en Cataluña, un importante número de catalanes, algunos de ellos altos cargos de las instituciones propias del Principado, se mantuvieron fieles a Felipe y a las Constituciones firmadas con él en las Cortes de 1702. Poco a poco, la revuelta armada se extendió por el territorio, culminando la primera fase de la guerra en Cataluña con la caída de Barcelona ante el ejército aliado el 22 de octubre de aquel año después de un duro asedio. La Coronela o milicia de Barcelona participó en la defensa pese a la indiscutible disensión interna. Al caer la capital muchos catalanes, con un máximo de seis mil según las fuentes, decidieron evacuar Barcelona por miedo a las represalias de los “aguilots” o “vigatans”. Poco después el Archiduque, ya Carlos III, creó la Junta de Secuestros y Confiscaciones del Principado de Cataluña, organismo destinado a decomisar los bienes y rentas de aquellos catalanes desafectos a su causa.
            Por toda Cataluña, en cada pueblo, ciudad o veguería, había “botiflers” de todo estamento y condición. Lérida, aún siendo mayoritariamente partidaria de Carlos, no fue una excepción. El caso más paradigmático es sin duda el del noble Ignacio de Gomar, “Paer en Cap”[i] en el momento de la revuelta y coronel de la milicia de Lérida. A lo largo de la guerra, Gomar envió numerosas cartas a Don José Grimaldo, Secretario del Despacho de Guerra, informando de la situación en el Principado, tanto en la zona controlada por los borbones como por la ocupada por los austracistas, incluyendo detalles de naturaleza política y militar. Los esmerados informes del antiguo Paher, eran posibles gracias a una extendida red de confidentes afectos a su persona que regularmente le enviaban información; primero a Zaragoza y después a Lérida una vez cayó en poder borbónico. Pese a la numerosa e interesante información recogida, la noticia más curiosa respecto a la fidelidad del noble leridano la aporta Juan Cristián de Landas, conde de Louvigny, gobernador militar de Lérida que en  una carta enviada al mismo Grimaldo explica como tres de los agentes al servicio de Gomar, salvaron al mismo rey de ser capturado por una patrulla de caballería inglesa la noche de la batalla de Almenar, guiando a la comitiva real por un atajo cuando los británicos ya estaban a tiro de pistola. Aún siendo el “botifler” local más relevante por su cargo, otros pertenecientes a la oligarquía leridana ya se posicionaron a favor de Felipe antes incluso de la caída de la ciudad; como Tomàs Capdevila, hijo del veguer de Lérida, Ramon de Queralt, Josep Llopis y Francesc Guiu.
En el resto de Cataluña la situación fue parecida a la de Lérida, y no fueron pocos los catalanes que abrazaron la causa borbónica con fidelidad. Uno de los casos más conocidos y representativos es el de la familia Alòs. En 1982, la profesora de historia de la Universidad de Barcelona, María de los Ángeles Pérez Samper, en el artículo “La familia Alòs, una dinastía catalana al servicio del Estado”, publicado en el volumen sexto de “Cuadernos de Investigación Histórica”, explica en sus 45 páginas como este linaje catalán se promocionó de forma exponencial durante el siglo XVIII gracias a su intensa colaboración con Felipe V durante la Guerra de Sucesión.


Antonio de Alòs y de Rius[ii], nacido en 1693, se alistó con tan solo dieciséis años en una compañía de granaderos dragones del regimiento de caballería “Vallejo”, un año después tendría su bautismo de fuego durante el sitio de Balaguer. En 1714, mientras participaba en el asedio de Barcelona, ya era capitán en el regimiento de dragones “Lusitania”. Gracias a sus inestimables servicios a la corona, Antonio de Alòs fue nombrado primer marqués de Alós, llegando a ser Capitán General del Reino de Mallorca en 1765.
Más interesante resulta la figura de su hermano, José Francisco de Alòs y de Rius, que como Ignacio de Gomar o José Capdevila, tenía su propia red de espionaje, puede que la mejor, al servicio de los Borbones. Sus hombres fueron capaces de informar desde el interior de Barcelona hasta su caída el once de setiembre de 1714. En agradecimiento, el rey Felipe le otorgó el marquesado de Nuevo Puerto y el vizcondado de Bellver, además de cargos de responsabilidad en la nueva administración del Principado surgida de los Decretos de Nueva Planta.



Para finalizar, cabe reivindicar la obra de Nuria Sales Senyors, bandolers, miquelets i botiflers, publicado en Barcelona en 1984 donde pone en duda muchos de los estereotipos que de los “botiflers” han llegado hasta nuestros días. El más arraigado es su acepción como traidor. Técnicamente fueron lealistas y legalistas, ya que a pesar de la incertidumbre generada por la invasión aliada, decidieron mantenerse leales a los pactos constitucionales jurados a Felipe. Afirmaba Nuria Sales, que los “botiflers” no eran absolutistas durante la contienda y que de hecho, vieron como las instituciones del país se perdían por culpa de los austracistas  y por su apropiación ilegal y por las armas de la Generalitat, Consell de Cent, Paeria y otras instituciones  que en aquellos momentos estaban legalmente representadas por catalanes afectos a la dinastía reinante. Para los borbónicos catalanes fue un drama presenciar como la arriesgada aventura militar emprendida por los “aguilots”, provocaron la perdida de unas instituciones centenarias, ya que al revelarse en armas y al derogar unilateralmente los pactos firmados después de largas negociaciones con Felipe en las Constituciones de 1705-1706, tan solo una victoria militar contundente sobre los borbones podría garantizar la supervivencia del sistema político catalán.
Óscar Uceda Márquez
Historiador




[i] Equivalente al Conseller en Cap de Barcelona o a un alcalde con amplios poderes.

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