martes, 15 de abril de 2014

El principio del fin

Sonia Sierra

De entrada, todo iba muy bien. El "derecho a decidir" era un producto de marketing casi perfecto: sus defensores se presentaban como adalides de una causa justa, la de dar la voz al pueblo, por los que se atrevían a manifestarse en contra eran tachados, como poco, de antidemócratas. Además, su calculada ambigüedad lo hacía tan modelable como un pedazo de arcilla en las manos de un artesano así que unos daban por hecho que se trataba de decidir la secesión mientras que otros, como ICV-EUiA, con una ingenuidad casi entrañable, hablaban de "decidir sobre todo". Sí, claro, en eso precisamente estaban pensando los del Unescocat cuando se lo inventaron, en que el pueblo pudiera votar sobre todas las cuestiones posibles.
¿Cómo van a hablar del "España nos roba" cuando la construcción de Europa se basa en la solidaridad interterritorial? ¿Quién los va a querer como socios "contribuyentes netos" –según la propaganda oficial- y pensar que van a querer sostener a Grecia si quieren poner límites fiscales a Extremadura?
Pero todo empezó a torcerse -¡qué delicia!- gracias al complemento directo. Resulta que "derecho a decidir" es una construcción de más que dudosa gramaticalidad ya que no especifica sobre qué se tiene derecho a decidir. Por este motivo, no se ha podido traducir a ninguna lengua y no han podido vender el producto fuera. En lugar de eso, han tenido que hablar de autodeterminación. Es obvio que Cataluña -una de las regiones más descentralizadas de Europa- ya goza de autodeterminación interna y, al no tratarse de una colonia ni estar sometida a ningún régimen dictatorial, no tiene derecho a la autodeterminación externa. Y, por supuesto, no pueden ir con el cuento tan extendido por aquí de que España no es una democracia porque, ante la comunidad internacional, sí es una democracia homologable a cualquier democracia occidental, con una Constitución inspirada en la Ley Fundamental de la República Federal de Alemania, promulgada el 23 de mayo de 1949 –ríete tú de los ruidos de sables con los que intentan desacreditar nuestra Constitución-, que nunca fue refrendada por sufragio y, además, fue rechazada por Baviera. Visto así, el argumento de "la mayoría no votamos esta Constitución" suena, cuanto menos, ridículo.
Además de eso, los nacionalismos están muy mal vistos en la UE así que la mayoría de sus argumentos, quedan invalidados. ¿Cómo van a hablar del "España nos roba" cuando la construcción de Europa se basa en la solidaridad interterritorial? ¿Quién los va a querer como socios "contribuyentes netos" –según la propaganda oficial- y pensar que van a querer sostener a Grecia si quieren poner límites fiscales a Extremadura? Y tampoco pueden ir esgrimiendo por ahí su lista de agravios históricos sin que les saquen los colores. Cualquier europeo de cultura media sabe que la Guerra de Sucesión se originó para ocupar el trono de España y que diferentes países participaron en ella según sus propios intereses. Se considera, pues, contra el bulo tan extendido en Cataluña, que España era un país –teniendo en cuenta que lo que significaba entonces “país” no es equiparable a nuestra idea de los Estado-nación, fruto de la Revolución Francesa- y Cataluña una región en la que, como el resto del territorio, unos apoyaban al candidato borbónico y otros, al austracista. Lo mismo sucede con la Guerra Civil española. Menos Montserrat Carulla y sus amigos, todo el mundo sabe que Madrid fue un símbolo de resistencia contra el fascismo; que Andalucía tiene en sus cunetas muchos más muertos que Cataluña en las suyas, entre ellos el célebre Federico García Lorca, y que los grandes artistas e intelectuales del momento tuvieron que exiliarse. Otro argumentario que no cuela.

Por si todo esto fuera poco, las grandes narrativas en las que sustentaban su proyecto empezaron a caer una a una. Por ejemplo, era habitual que los partidarios de la secesión defendieran su derecho a votar como máxima expresión de la democracia citando a Suiza. Pero el 9 de febrero de este año, los suizos aprobaron en referéndum acabar con la libre circulación de personas de la UE. Todo perfectamente democrático, pero el resultado no podía ser visto sin cierta antipatía por parte de los socios comunitarios. De repente, el país helvético desapareció del discurso. Además, el binomio que unía este referéndum a la máxima expresión de la democracia quedó en entredicho cuando una autoridad internacional sobre el tema como es Stéphane Dion afirmó que "la secesión y la democracia son dos conceptos difícilmente compatibles". Pero eso no fue nada comparado con lo que estaba por venir.
¿Pero no habíamos quedado que la secesión era chachi y no implicaba crear fronteras? Y todo esto, ¿no era un movimiento alegre y festivo? Entonces, ¿cómo van a hacerse con el control de puertos y aeropuertos? ¿Con globos de colores?
Francesc Homs, consejero de la Presidencia y portavoz de la Generalitat, tuvo la feliz ocurrencia de comparar Cataluña con Ucrania y fue abrir la boca y empezar a caer muertos en las protestas. Además, Crimea decidió que también tenía "derecho a decidir" y que convocaba un referéndum de autodeterminación con el apoyo de los rusos y el rechazo unánime de la UE, EEUU y la OTAN, rechazo que se sustenta en esta votación es contraria a la Constitución de Ucrania y al Derecho Internacional. ¿Les suena? El inefable Homs justificó su oposición a la consulta de Crimea alegando la injerencia de un tercer estado y la especial situación de violencia que atraviesan, aunque casualmente, jamás se habla de ello cuando se reivindica la "vía kosovar". Y, claro, ya sabemos que el proceso catalán es "pacífico, democrático y festivo", como se empeñan en recordar machaconamente los voceros del régimen.
A todo esto, desde este mismo periódico se descubre en exclusiva primicia que la ANC ya habla de declarar la independencia el 23 de abril de 2015 haya habido o no consulta. Muy democrático todo y, sin duda, la comunidad internacional debe de estar encantada con estos planes. No sé si hay algún precedente en la Historia de la Humanidad de que un grupo explicite por escrito un golpe de Estado a un año vista. Es evidente que no es lo mismo declarar la independencia que conseguirla, como nos explica de forma didáctica el catedrático de Derecho Internacional Rafael Arenas, pero eso no parece tener demasiada importancia pues en esta hoja de ruta el reconocimiento internacional se da por seguro así, sin más. De esta manera, Carmencita la Golpista –qué falta nos haría Valle-Inclán con una Farsa y licencia de la insurrecta catalana para glosar su figura- y los suyos hablan con total desparpajo del “control de las grandes infraestructuras y fronteras”.
¿Pero no habíamos quedado que la secesión era chachi y no implicaba crear fronteras? Y todo esto, ¿no era un movimiento alegre y festivo? Entonces, ¿cómo van a hacerse con el control de puertos y aeropuertos? ¿Con globos de colores? Y la pregunta más importante de todas: ¿Van a vender camisetas con el lema "Independence Day" para tan magno día? Porque con las que vendieron el día de la vía catalana se han forrado...

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